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Hipócritas hasta la médula

lunes, 18 de mayo de 2009 , Posted by Agencia la Voz at 0:13


Por Gretel Ledo


EE.UU-. ( AGENCIALAVOZ.COM ) Asistimos a tiempos políticos en que se pregona una cosa y se hace otra. Aquellos que se candidatean bajo figuras testimoniales intentan sortear no ya la valla jurídica, sino la moral. Por más que se afiancen al componente de legalidad, el de legitimidad brilla por su ausencia.


La gran impotencia del político de hoy es la verdad. A la “señora verdad” la hipocresía la ningunea. Se la atiende y no se la entiende. No se la comparte, no se le ofrece la atención que necesita. O bien, se la deja de lado haciendo caso omiso. Allí, el político pasa a ser un psicópata en sus principios, en sus creencias; un autista hacia el mundo que lo rodea. No lo puede escuchar. En el peor de los casos, a la “señora verdad” se la enfrenta erigiéndose en enemigo del pueblo.

A muchos fariseos Jesús catalogó de hipócritas exhortándolos a que primeramente saquen la viga de su propio ojo para luego sacar la paja del ojo ajeno.

Hoy por hoy, ciertos partidos dicen: “yo soy la oposición, los demás son un desmembramiento del oficialismo”. Otros dicen que representan el cambio que el Gobierno necesita, cuando en realidad pertenecen al mismo movimiento. En tanto el oficialismo se jacta diciendo: “después de mi el diluvio”, como si el país fuese un arca de Noé que sólo los Kirchner son capaces de timonear.

Candidatos que por fuera se muestran justos pero por dentro están llenos de hipocresía. El vocablo hipocresía proviene del griego y significa engaño, fraude, mentira. Se fingen cualidades contrarias a las que verdaderamente se tienen.

El resultado es un peronismo degenerado cuyos artífices no se dan cuenta qué es lo que realmente están haciendo: las bases las están destruyendo. No saben hacia dónde van ni por qué están. El navío está sin rumbo y las que se dicen “nuevas alternativas” también.

La hipocresía también llegó a la esfera económica y llegó desde que se intervino el INDEC para quedarse. Así mientras para abril las cifras oficiales arrojaron un 0,3% en el Índice de Precios al Consumidor, la Fundación Mercado dio a conocer los Índices de Confianza del Consumidor, Ahorrista y Familias para el mismo mes que fueron del 27.9%, 28.5% y 28.0%, respectivamente. ¿Quién maneja el termómetro social? Sin duda la percepción del común denominador de la ciudadanía tira por la borda los números fantasiosos publicados por el Instituto. Así se consolida un escenario de desconfianza caracterizado por una tendencia de mantener el ahorro por temor y disminuir el consumo. Un temor por partida doble. Desde la clase dirigente a ser castigados con un voto censura para Junio y, desde la clase dirigida, a perder la capacidad adquisitiva de sus economías.

Bajo este panorama, las instituciones peligran. La falta de confianza tiene como correlato directo la ausencia de inversiones que descansan en la inseguridad jurídica reinante. En este sentido, la crisis económica global significó una caída importante tanto para el flujo de inversión extranjera directa hacia los países emergentes, como para el flujo de capitales privados. Esta caída encuentra una tendencia sombría en países que detentan una baja calidad institucional.

Mientras las inversiones mejoran la competitividad de las economías y promueven un crecimiento económico sostenido, la baja calidad institucional aumenta el costo de las mismas. Argentina junto a Nicaragua son los países que han experimentado los cambios más desfavorables en términos de calidad institucional.

El problema son los números fingidos, las instituciones desplomadas como el INDEC que han perdido credibilidad y el riesgo país aún elevado para un país que vive en una agenda paralela a la realidad.

¿Estaremos viviendo en una República fingida? ¿Hasta cuándo se desmerecerá a la opinión pública? ¿Se puede gobernar “puertas adentro de la Rosada” con una visión parcial de la realidad?

Estos interrogantes despiertan en la ciudadanía una crisis de confianza profunda hacia las instituciones. Tarde o temprano las informaciones oficiales serán alcanzadas por el clamor unánime de un pueblo que se cansó del dibujo artístico no sólo en lo económico sino también en lo político, salvo que se el mismo pueblo quien alimente desde su inactividad semejante atropello. El secreto para llegar a la libertad es solo uno: practicar la verdad.

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